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EL ALUVIÓN. A 30 AÑOS DE LA PEOR TRAGEDIA EN LA HISTORIA DE ANTOFAGASTA

UN SENTIDO HOMENAJE A TODAS LAS VICTIMAS DEL ALUVION DE 1991, A 30 AÑOS DESDE QUE ANTOFAGASTA FUE ARRASADA POR AGUA Y LODO QUE BAJABAN DESENFRENADOS POR DISTINTAS QUEBRADAS A LA CIUDAD.


POR RICARDO RABANAL



“Los gigantescos aludes de barro y agua que se abalanzaron sobre la ciudad de Antofagasta dejaron un pavoroso saldo en muertos, heridos, derrumbes y pérdidas materiales como nunca antes en la historia de la Ciudad, pero como siempre ha sucedido en estos casos los bomberos, carabineros, personal de salud y vecinos de Antofagasta estuvieron allí para su defensa.”


EL ALUVION DE 1991


Una nueva tragedia para la ciudad se volvería a repetir el 18 de junio de 1991, nuevamente 124 años después, pero esta vez la destrucción no vendría de las entrañas de la tierra o del mar desbordado sin control, sino que de los faldeos de sus áridos cerros que no pudieron absorber la gran cantidad de lluvia que cayó en la ciudad en muy pocas horas y provoco con un saldo de muerte y destrucción sin precedentes en la breve y reciente historia de Antofagasta.



Para la mayoría de nosotros los Antofagastinos, la lluvia, tan abundante en las regiones del sur de nuestro Chile, eran en el año 1991 escasas para el norte del país. Podía decirse en esa época que en el litoral entre Arica y Chañaral no llovía nunca. A lo más, una camanchaca o neblina mojadora del amanecer que humedecía las veredas y le daba algún respiro a la vegetación del desierto.


Sin embargo, a veces, muy de tarde en tarde, se dan las circunstancias para el excepcional fenómeno de una lluvia que, por muy breve que sea, pero reuniendo las condiciones de una inmensa y sin precedente intensidad, ocasione verdaderas catástrofes. Eso fue lo que ocurrió en la madrugada del 18 de junio de 1991 en la ciudad de Antofagasta.



La aparición de un viento fuerte y muy cálido que comenzó a barrer la ciudad sin mayor control, extraño a muchos Antofagastinos que no le dieron mayor importancia. Ya en las primeras horas de la noche la gente dormía plácidamente en sus hogares, sin saber lo que estaba por venir.


La llovizna primero y la lluvia después, alertaron los primeros minutos a la Central de Alarmas del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, que como era costumbre en estos casos despachaba rápidamente las Compañías de Escalas y Salvatajes, 1° y 2° Compañías, para prestar ayuda y ver los casos de inundaciones, derrumbes e ingreso de agua lluvia a las casa, especialmente las que por la disposición geográfica de la ciudad están sus pisos bajo el nivel de la calle por donde debería escurrir el agua lluvia.


Los testimonios indican que lo que comenzó con una serie de llamados dentro de la normalidad para estos casos, rápidamente fue en aumento en muy pocos minutos, por lo que la Central de Alarma debió despachas a las demás compañías a prestar servicios a distintos puntos de la ciudad donde se requería la ayuda de los bomberos de Antofagasta. Solo pasaron unos 45 a 60 minutos cuando una buena parte todas las primeras unidades motorizadas con sus respectivos cuarteleros estaban en servicio prestando auxilio dispersas en la ciudad pero siempre en comunicación radial.

El Comandante Don Rafael Green González con parte de su Comandancia presente ya en la Central de Alarmas inmediatamente ordena la presencia de todo el personal de bomberos que pueda desplazarse a sus cuarteles respectivos o donde sus unidades motorizadas trabajan en forma urgente a prestar ayuda de inmediato, orden que fue cumplida de rápidamente. En ese tiempo no todos los bomberos de Antofagasta, tenían radios de comunicación, solo algunos y a los Directores y Capitanes de Compañía, 14 en total se les había entregado unos radio-escuchas que no podían trasmitir, solo recibían la señal del tráfico radial de la institución y eran de muy poco alcance y escaso tiempo de duración de sus baterías. Pese a esto la totalidad de la oficialidad, más los bomberos que sintonizaron las emisoras locales, en especial Radio Máxima FM propiedad de un bombero, Don Guillermo Díaz y otros voluntarios que por su experiencia en lluvias anteriores inmediatamente bajaron a sus cuarteles o averiguaron donde estabas sus carros trabajando, la institución prontamente conto con gran número de sus efectivos plenamente operativos y trabajando en la emergencia.

Pasada la medianoche las partes altas de la ciudad, conformadas por cerros áridos y ripiosos con terraplenes resecos, comenzaron a ceder debido a los deslizamientos de tierra convertida en barro por la lluvia que socavaba sus cimientos naturales. De pronto, sin previo aviso, en la sorpresa de la noche, más bien silenciosos hasta el instante final y fatal, los poderosos aludes bajaron sin contención alguna arrastrado a su paso con hombres, mujeres, niños, viviendas, postes de alumbrado público que dejaron a oscuras la ciudad mientras se desintegraban en mil chispas eléctricas fantasmagóricas y peligrosas, automóviles estacionados en las calles, enceres de casa y partes de las viviendas que rodaban cerro abajo en dirección al mar.





Los distintos lugares afectados, se transformaron en una escena difícil de creer para los Bomberos, Carabineros y el personal de las Ambulancia que a esa hora estaban todos volcados en las calles atendiendo distintos llamados de lo que hasta ese momento eran simples inundaciones naturales para una ciudad no acostumbrada a la lluvia torrencial. Varios bomberos no pudieron llegar a sus cuarteles y carros hasta horas después de pasada la lluvia y el amaine de los siete ríos caudalosos que cortaban la ciudad, pero con la ayuda de los valientes vecinos y la dignidad del deber que conlleva vestir el uniforme de Bombero de Antofagasta realizaron sus propios salvatajes con cordeles y hachas de oficial, una esforzada labor que le es reconocida por la comunidad entera hasta nuestros actuales días. En el Cuartel General de Bomberos, en específico en su Central de Alarma a las 01:30 horas se recibió el primer llamado de una serie que llegaría a contabilizar 262 antes de las 13:30 horas del mismo día.



Es importante registrar estas informaciones no solo como dato histórico para los bomberos Antofagastinos sino por cuanto nuestro país, en toda su extensión, es una zona de catástrofes periódicas, sean ellas terremotos, inundaciones, incendios u otras tragedias que no podemos evitar, pero si prevenir y enfrentarlas con eficiencia que proteja vidas y bienes amenazados.



PRIMERA FASE DE LA EMERGENCIA


Los aludes penetraron profundamente en los distintos planos de Antofagasta que coincidían con alguna quebrada que se adentraba en la profundidad de los cerros que le sirven de marco natural a la ciudad. Se contabilizaron una serie de aluviones en distintas partes, siendo los más importantes los registrados en los siguientes sectores o barrios del puerto de sur a norte:


-Caleta Coloso

-Sector Jardines del Sur

-Entrada sur de Antofagasta

-Edificio Caliche y sector Gran Vía

-Sector Población Covadonga

-Sector Cuartel N°2 del Regimiento Esmeralda, calle Playa

Blanca

-Sector Quebrada Baquedano, que afecto a todo el sector

céntrico de la ciudad.

-Sector Calle Buenos Aires

-Sector Calle México.

-Sector Población Ferrobaquedano.

-Sector Quebrada la Cadena, Villa el Salto

-Sector Quebrada Salar del Carmen.

-Sector Población Bonilla.


Dado primero la gran cantidad inundaciones que se registraban en la ciudad, la Comandancia del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, ordenó la inmediata presencia de todos los bomberos de Antofagasta en la emergencia. Esta orden se comunicó por las radios portátiles que muy pocos bomberos tenían en esa época y por unas radios escuchas que tenían los Directores y Capitanes y que solo podían recibir la señal de la central de Bomberos y las diferentes estaciones de radios locales que ya a esa hora comenzaban a transmitir en directo el fenómeno que estaba sufriendo la ciudad y eran el único medio masivo para comunicarse con la totalidad de los voluntarios.



Horas antes de producirse los aluviones, todos los carros bombas y sus bomberos ya andaban en terreno atendiendo las distintas emergencias producidas por las inundaciones. Inundaciones que algunas horas más tarde se transformarían en ríos de agua, barro y piedras que arrasarían con Antofagasta y su gente.


Las llamadas a la central de Alarmas del Cuerpo de bomberos de Antofagasta fueron transformándose rápidamente desde problemas con desbordamientos de agua en distintas casas de la ciudad a solicitar desesperadamente ayuda por las vidas de personas atrapadas entre escombros, barro y agua que no los dejaba respirar los conducía a una muerte segura.